En el marco del proceso de diálogo y participación lanzado con miras a una reforma de la Constitución provincial, se desarrolló este lunes en Rosario, una jornada sobre “Perspectiva de género en la nueva Constitución de Santa Fe. Por una Constitución igualitaria”, con la participación de Diana Maffía organizada por la Dirección de Reforma Política y Constitucional del Ministerio de Gobierno y Reforma del Estado.

La actividad se desarrolló en la Sala Walsh de la Sede de Gobierno en Rosario, con la presencia de la secretaria de Políticas Sociales, Vanesa Oddi; la subsecretaria de Políticas de Género, Gabriela Sosa; El Sub Secretario de Asuntos Legislativos, Fabián Peralta; el senador por el departamento Rosario, Miguel Cappiello; la presidenta del Concejo Municipal de Rosario, Daniela León; la Sub Secretaria de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario, Mónica Peralta; la ex vicegobernadora Griselda Tessio y la Mag. Dra. Laura Spina; las diputadas provinciales Alicia Gutierrez, Verónica Benas, Inés Bertero; la concejala de Rosario María Eugenia Schmuck; el dirigente político José Tessa y muchas ONGs dedicadas a la temática de género que trás la conferencia de la Dra. Maffia, tuvieron un diálogo con a misma y todos los presentes.

“Tal como nos encargó el gobernador Miguel Lifschitz, estamos llevando adelante un proceso de diálogo y consultas por la reforma de la Constitución Provincial. Queremos arribar a un consenso previo lo más amplio y legítimo posible, que vaya más allá de las mayorías y minorías que pueda haber en la Legislatura”, señaló en la apertura el Ministro de Gobierno y Reforma del Estado, Pablo Farías, y destacó: “En este marco de pluralidad, la perspectiva de género es fundamental porque pretendemos una Constitución moderna, que tenga una vigencia absoluta y sirva para acompañar los cambios que se producen en nuestra sociedad”.

Por su parte, el Director Provincial de Reforma Constitucional, Oscar Blando, efectuó un encuadramiento de temas y contenidos relativos a las cuestiones de género desde una perspectiva histórica, manifestando que hablar de constitución y derechos para la mujer nunca fue igualitario (en temas tales como el voto, participación en los bienes conyugales, protección de los hijos, etc.), dado que fueron excluídas de la esfera pública por un diseño masculino. La mujer llegó al derecho por el derecho penal, las contravenciones, edictos, identificando a la sexualidad, y como protagonista fundamental a la mujer, como el “mal”.

Aclaró que la perspectiva de género no se refiere al sexo sino a las relaciones asimétricas que se dan en lo social, laboral, familiar que se reproducen en lo político. Planteó el respeto de la “diversidad humana y la paridad de los diferentes”, trasladando esta cuestión a la esfera pública y privada. Destacó la necesidad de promoción de acciones positivas que se encuentran encuadradas en la misma CN y que ello no significa más que cumplir con el mandato constitucional en tal sentido, generando medidas que garantizan la igualdad.

Sostuvo que lo esencial es estar dentro del concepto de paridad y tener claro qué hay de diferente y de igual. Expresó que se debe tender a la igualdad como seres humanos sin renunciar a lo diferente, debiéndose incluir el componente del varón, sin enfrentamiento, ambos del lado de la solidaridad, generando una nueva igualdad entre las personas.

Concluyó que las acciones positivas sirven y hay que utilizarlas, dado que ellas están planteadas para la mujer común que no adquiere protagonismo, siendo el  objetivo final la construcción de una sociedad pluralista, donde no haya sectores que quieran imponer un único plan de vida para todos.

A su turno, la Diana Maffia sostuvo la necesidad de debatir principios para una constitución como contrato social respecto a qué derechos se van a reconocer, implicando valores básicos.

Maffía coincidió en que “la pluralidad de voces es lo que garantiza la expresión de los distintos intereses, puntos de vista y experiencias en juego; no debe suplantarse la voz de los diferentes grupos a la hora de producir las normas que los van a impactar. La producción de igualdad requiere de todas las voces ya que, de otra manera, solo terminan siendo representados los sujetos hegémonicos”.

Sostuvo que a lo largo de la historia, cuando se hablaba de derechos, se hacía referencia a un SUJETO UNIVERSAL, un SUJETO HEGEMONICO no sólo masculino, sino también propietario, blanco, etc. Esta visión estableció unas relaciones de poder que se terminaron naturalizando en social y familiar.

Manifestó que el problema no es la diferencia entre los cuerpos, sino la JERARQUIZACIÓN: por ser diferentes se establece que alguien es superior y otro inferior, a través de una mirada impuesta por los sujetos que tienen poder.

Esta circunstancia se observa además en la política o en la ciencia: quienes pueden capacitarse y generar conocimiento genuino (científico), son precisamente aquellos que el sujeto hegemónico masculino señala. A partir de allí, Maffia sostiene que el ámbito de lo privado le fue adjudicado a la mujer, recortando su legitimidad para lo público, incluida la política.

Instó a implementar un marco de género teniendo presente el ámbito privado y su ruptura en base a desfeminizar las tareas de cuidado en ese espacio y repartir el tiempo cotidiano, siendo la reforma constitucional una posibilidad única en tal sentido para lograr los objetivos buscados.

En momentos en que el Senado de la provincia se apresta a analizar el proyecto aprobado en Diputados que establece la participación igualitaria de varones y mujeres en listas de candidatos y en la composición de la Legislatura, Maffía se encargó de recordar que “a partir de la sanción del cupo y de que hubo un 30 % de mujeres en las bancas del Congreso Nacional, se legislaron todas las políticas que pusieron de manifiesto que los cuerpos del hombre y la mujer son diferentes: la ley de salud sexual y reproductiva, de parto humanizado, de lactancia materna, de prevención de la violencia, de acoso sexual, de trata y también los cambios en la Ley de delitos contra el honor”.

Más allá de las acciones que promueven la participación en distintos ámbitos, la especialista instó a definir “políticas públicas que la garanticen. Es decir, si tengo una ley de cupo también debe haber acciones desde el Estado que promuevan el cuidado compartido de los hijos, que hoy está feminizado, privatizado y mercantilizado. La libertad y la igualdad se consiguen brindando condiciones para que hombres y mujeres puedan ser más libres e iguales”.

A partir de allí, Maffia reconoce algunas cuestiones nodales que deben guiar el debate para que éste sea efectivo en sus conclusiones:

-Definir actores sociales relevantes que participen

– Acciones del Estado en la problemática.

-Analizar el impacto diferencial por género, evitando la reafirmación de estereotipos.

– Evitar que las intervenciones señaladas construyan jerarquías entre varones y mujeres.

– No se puede suplantar la voz de los protagonistas, de los que van a ser impactados por las normas.

– Promoción de políticas para mujeres, de género y feministas, destacando una visión laica de parte de los actores señalados y desde el mismo Estado

Trayectoria:

Maffía es doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires con una tesis sobre “Género, subjetividad y conocimiento”; es miembro del Consejo Académico del Centro de Formación Judicial del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires; docente de “Gnoseología” de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y de “Epistemología feminista” en la Maestría de Estudios de Género de la Universidad de Rosario; investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires; y autora de numerosas publicaciones.

Ha sido diputada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2007-2011) por la Coalición Cívica/ARI; defensora adjunta del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires (1998-2003) en el área de Derechos Humanos y Equidad de Género; y directora académica del Instituto Hannah Arendt, de formación cultural y política, desde su creación en 2004 y hasta 2008